El peroné, también llamado fíbula, es un hueso largo, delgado y liviano localizado en la pierna, en su parte exterior, junto con la tibia, el segundo hueso de la pierna, el cual posee un mayor grosor y peso. A pesar de que la fíbula no forme parte de la articulación de la rodilla, como si lo hace la tibia, esta forma la articulación del tobillo junto con la tibia.
La parte inferior de la fíbula forma en la cara lateral del tobillo la estructura llamada maleolo lateral y que muchas personas conocen como bola del tobillo, ojo del tobillo u ojo del pie. El peroné, de igual manera, proporciona estabilidad a la pierna, rodilla y tobillo y actúa como el punto en el que los tendones de varios músculos se insertan, principalmente en el tobillo.

Debido a que la fíbula constituye un hueso delgado, que se encuentre sometido a tensión por los músculos, es frecuente que este sufra fracturas debido a golpes directos a la pierna o al tobillo, o como consecuencia de la tensión de los músculos del tobillo cuando existe un esguince o torcedura en esta articulación (especialmente si el pie se dobló hacia adentro durante el evento). Debido a ello, la fíbula es un hueso relativamente más frágil que otros y su evaluación es de principal importancia cuando ha habido lesiones de tobillo. Las fracturas del peroné son lesiones deportivas extremadamente frecuentes, principalmente cuando se practican deportes como fútbol, básquetbol, voleibol, fútbol americano, tenis, deportes de pelea, maratón, atletismo y salto, en que correr, saltar y colocar presiones y tensiones variables sobre las piernas y tobillos es indispensable. Debido a su grosor y peso, las fracturas de fíbula también son frecuentes cuando han ocurrido caídas, principalmente en pacientes mayores (más aún en mujeres, en quienes la osteoporosis es más frecuente), o cuando han ocurrido accidentes con vehículos de motor, especialmente motocicletas. Las fracturas del peroné también son extremadamente frecuentes cuando hay aplastamiento de la pierna o caídas sobre las piernas desde alturas elevadas.
En general, las fracturas de peroné se presentan por dolor constante e intenso en la cara lateral de la pierna o el tobillo. Este suele empeorar al presionar el área afectada, al mover la pierna o mover el tobillo y muy frecuentemente limita la capacidad de movimiento de esta articulación. En algunas personas, es posible que el dolor se acompañe de un moretón (equimosis) en el área en que se sufrió el golpe, de la acumulación de sangre en el tejido del área afectada (hematoma) e inflamación del área afectada o del pie o el tobillo completo.
En pacientes en que haya existido una fractura no alineada o existan fracturas acompañantes de la tibia, es posible que exista acortamiento o angulación de la pierna. En personas en quienes existe una fractura severa y no alineada que dañe la piel y músculos (una fractura expuesta), es posible observar heridas de punción o laceraciones a través de la piel a través de las cuales, ocasionalmente, pueden observarse los extremos del hueso fracturado. Cuando existen fracturas severas, es posible que existan signos como palidez, tono azulado, adormecimiento, falta de pulsos o sensación de electricidad en la pierna. Estos son signos de lesiones en los vasos sanguíneos y nervios posiblemente provocados por la fractura y que requerirán tratamiento especial.
Si el médico sospecha de una lesión en los huesos de la pierna o el tobillo, solicitará que se realice una radiografía, la cual revelará si existen fracturas en algún hueso y las características de la fractura.
Las fracturas de fíbula son clasificadas según su localización y según sus características. Las fracturas de tobillo y rodillo, en sí, tienen una clasificación compleja que considera distintas variables y si existieron distintas lesiones en tendones y ligamentos junto con la fractura. En forma simplificada, sin embargo, las categorías fracturas de fíbula pueden ser:

Según el tipo de fractura que exista, el médico determinará que abordaje para el tratamiento es más apropiado para la fractura del paciente.